08 de septiembre, 2019.
Me aterra hasta la espina que amar sea mi único propósito en la vida. Que mientras lo hago en extremos, también lo hago mal. Pero más que nada, me aterra que por el resto de mi vida, no he de amar nada más.
Me da miedo haberlo sentido todo, y aún así ser espejo del abismo. Me aterra ese preciso vacío de los infiernos que no puedo arrancar de raíz ni aunque me metiese la mano a la garganta. Ni aunque le dedicase millones de palabras.
Y eso es. Hasta la poesía y yo nos hemos abandonado.
Ya solamente hay palabras mutiladas.

