La caza

cómo creer en un roce desinteresado, en la seducción de una presa. confío en la mano que me alimenta con fantasmas e invisibilidades mientras el hueco en el estómago se transforma en socavón, de futuros y angustias. lo arañas con tus propias uñas, y lamentas después la bulimia del ciervo famélico. le sueltas una patada después de que ha salpicado su asquerosidad sobre tu pecho, como el ciervo manipulador que es.

azotas tu nombre sobre sus costillas y le enseñas que hay dolores más pesados que el hambre de alma y las entrañas con memoria.

una perra sarnosa relame las sobras bajo las plantas de tus pies; le has de soltar otra patada como la bestia que eres…que te carcome.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar